lunes, 20 de noviembre de 2006

Despertar

Recuerdo tantas cosas que jamás han sucedido
El mismo ser se pregunta si el corazón se mece
O si la luz se atrofia de tanto colmar la noche.
Cuando la nube juega ha hacerse estrella sin saberse.
Cuando La proa está tan lejos
Y El tiesto que se mece antiguo sin pensar si la ola existe.
Se ha sentido a la marea y a los muertos que la rigen.
Sin embargo el sutil embate de la ola aclamó a su homologo perpetuo
Clamó a la suerte del soneto
A la elegía del vientre.
Al perdón de los altos estandartes
Y batió a mi nube.
Caí sin pisar mi manto
De la tierra y sin paracaídas.
A retomar el rumbo de mí bote sin espuelas.
Sin motor de vidente, sin bastón de jubilado.
Y sin alas ni rumor de pétalos
Escribí la sangre de los próximos suspiros.
Entibie mi cuerpo para el salto
Y caí sin mar ni marco en mi tumba de arrecifes.

Dormida

Atravesaste el campo
Corrías sin piernas desnuda hasta el fondo
Tu vientre abultado, los pechos alegres
La comida del ocaso botó sus hojas,
Caducas y muertas, en parajes oscuros.

Asechaste la muerte, la observaste tranquila
La calmaste en susurros sin nombre.
Se acostó cerrada y en fuerzas viva
Y explotó la noche a las orillas del mundo
Cubrió el tesoro con besos sagrados.
Y se fue el amor! Como el otoño que bota escombros.

Solo una mano cubriendo la noche
Solo tus ojos clavando su espalda
Cantaron el porvenir entonces

Con tus ojos rojos de vergüenza
Escuchaste el goteo de las puertas
¿Primera vez mi hada extraña?
¿El sol de abril no cubrió tus pechos
La lozana altivez de tu contorno es primavera?

Creíste que la campana de los campos sólo eran respuestas de domingo
Soy amor de caminos profundos
Soy tu sol de alas rotas!

Caminante de puerta y abismos
De clamor a nombre
De niña a niña
Con los ojos tapados de cercano soplo
Podré brotar la playa de tu barco
Sentir tu brisa
Y el cinto de las mujeres cautivas.

Y te entregaste como el canto de las aves al otoño
Como el amante a las estrellas rutilantes
Como el calor a los niños de la plaza
Como el muerto a las tierras indecibles.

Y yo sentado, viendo el rumbo de las hojas
Veo el soplo frió de tu espanto
El gran espanto
De las ciervas vírgenes.

Experimento Futurista

Los niños resueltos caminan
Cabizbajos en el cielo de zinc
Un paso, dos pasos, mil pasos hasta el montículo plateado.

Reabiertos en público, sin mirar hacia el frente,
Corriendo a su lado mil perros de nadie;
Alborotados siguiendo su instinto.
Instinto perdido del hombre.
Montículo que crece sin decir basta.

Espectro fugaz y de escarcha de hierro.
Aviones y niños caminan;
Un paso dos pasos mil pasos, hacia el montículo plateado
De zinc es el cielo.


Nubes atiborradas de luces,
Entre el cielo plateado se esconden:
Alumbran al sol en bandadas
Como pájaros mágicos.

Y ríen los siglos
Espectros plateados
Mil pasos, dos pasos, un paso.
Mi cielo de zinc.

Manchado de sangre celeste
Reabierto de pájaros muertos
Los niños parten a su entierro.
Un paso, no más pasos
Mil cielos de zinc.

Funeral

Invitado al funeral;
Enchaquetado hasta el fondo.
La sonrisa oculta y los dientes ausentes;
La cara del hombre recetaba angustia,
Con los ojos mustios de existencia

Contemplé su rostro abolido.
La pisada que marcaba sus huesos,
El espesor de su vientre descompuesto;
La chirriante luz vagaba por su espalda

Y lo vi niño queridos jueces
Acurrucado ausente de capucha grave
Lo vi en el mar de primavera
Rodeado de pájaros con hambre

Caminaba sin pecho, triste en los acantilados
El aterciopelado mundo indiferente
Fue causante de todos sus eclipses.
Y un maremoto rompió su espalda
¡Que estertor de naves muertas!

Y como el paso de un gigante
La rama dejó caer su fruto
Podrido por las ventiscas
Por el cuervo de su espada.
Era el último de los verdes racimos
Su pisada besó la tierra como labios.

Y la mano gélida aclaró la selva
Se abrió y murió entre el cuerpo y la hendidura
Se mostró entre los montes
Y fue una pena mis queridos jueces

Hubiesen visto esta mirada trastornada
El grito estéril de la viuda
Y esos niños que corrían por las plazas
Quedaron mudos al ver la gran herida.

Se abre la sesión mis queridos jueces
Este hombre es culpable,
Pregonadle a la libertad
Que fue su risa la que remeció sus ojos .

Garza

Garza
Un grito de alturas, venido del norte, entre bosque y lagunas, entre campo y almas.
El sol iluminó su manto y blanca desde su nombre hasta sus ojos, era rareza de vida en bandada.
No corras por los campos, déjate caer cual nieve eterna sobre tierra, y en un remolino de estacas, clava ahí tu vida, tus ojos, tu actitud de esfinge. Garza airosa y fugitiva, ladrona de vidas y huevos, hacedora de disparos y gritos, Tu cuerpo alza vuelos de siglos y la cruz que arman tus alas, es augurio de cambio, de atardecer y muerte.

Llegamos

LLEGAMOS

Soledad anclada de mares
Las heridas te surcan
El timón se vuelca en tus paredes.
¡Tus marineros se mueren!
El mar los abraza en un letargo
Sutil entre los lotos
Pálidos entre la gente pálida.
Sangrados de angustia
Hartados de amaneceres femeninos
¡Ermitaños de cubierta! ¡El sueño los marea!

¡Pájaro marino! El cielo regaló tu canto
O alma dormida
Quédate conmigo, no despiertes
Y formemos olas para siempre
¡Se olvidó la espuma!
una gaviota oscureció la noche
Roída de acantilados y caracolas.
¡Escuchar el murmullo de tu alma al poner oído en sus parajes!
¡Condicionas tu vida por una concha!
Sales del mar, del infinito, del horizonte llano!
¡Para surcar el “quizás” maldito de los barcos!
Porque quizás llagamos al abismo.
¡No veo espuma! ¡No son estas las corrientes!
¡Sólo el cormorán altivo y lúgubre esquiva las rocas hacia el sol!

Los atrevidos

Desperté escuchando,
Caían las gotas negras de finales tristes
La tinta atiborraba el paisaje de grandes combates
Y el punto final cerró la escena.

Despierten! Animales de mundo, el violín terminó su orquesta
Y que no olvidé sus oraciones
Que no despierte en su nocturno espanto,
Que cierre su puerta, hasta que el brillo otoñal despunte en día
No queremos saber de sus asuntos, de sus tonalidades vagas!
Somos pensadores de un circo de mascaras horribles.

Y terminó su orquesta, guarda sus cuerdas
Sufre hacia su cama, se desvela pensando
Y sin saber del angustiante calor de mí morada
Duerme apacible como el sol entre azucenas.

Y que más da! Es joven y limpio
Puro y sin remordimientos
Creado para ser y morir en años
En cambio, los esclavos, la peste de los muertos
Nosotros somos el fin del mundo

Atropellados de signos, creados entablar justicia textual.
Estrellados a las páginas, pensados por un dios de papel que rompe esquemas
Y nos rompe el alma de tanto cambio.
Somos una caverna oscura y gris de pensamientos!
Y el que mira las ventanas profundas,
Nos verá sonriendo, fanáticos del hacer y muertos de gloria.

Y el violín descansa pleno en la música del alma
Susurrando visiones llenas de olvido
Al amanecernos abrirá los ojos y correrá por su ruta un río de preguntas
Manejadas de antemano con la seductora puntuación
Ahí sabrán las hadas y las musas el fin caído por las manos de un artista
Pero seremos rápidos!
Cambiaremos la historia y nadie sabrá que fin conquistó la cima
Crueles batallas atronadoras y viles hazañas de ladrones y muertos
Y el violín de turno, llorará de rabia
Y no podrá dormir.